Se lo tengo que decir a María.
Son muchos años de amistad. Se lo debo. A Luisa no le gustaría. Mejor no
decírselo. Me caso con Luisa. ¿Qué cara pondrá María? Muchas veces he hablado
con María de casarnos. María y yo, no Luisa. Va a abrir la boca hasta el suelo.
Se va a enfadar, o no. O me va a dar la enhorabuena. Por fin has madurado, dice
ella. Me alegro. Pero es mentira. No se alegra. Pondrá ojos tristes,
brillantes. Va a llorar, mierda. No, así no. ¡Mira ése! ¿Será gilipollas? Si
tuviera un coche como ése no necesitaría hacer el capullo para fardar. El coche
basta. Peor, si no se lo digo es peor. Se enterará y me querrá cortar los
huevos. Yo también querría. María, Luisa y yo nos casamos. No, demasiado
formal. María, sabes que quiero mucho a Luisa. Bueno, por ahí puede colar. Llevamos
una temporada muy buena. También lo sabe. Hemos pensado mucho en cómo sería
nuestra vida juntos y… María no es tonta. Su cara es de… boca torcida, cejas
arriba, mirada al suelo… ¿A quién intentas engañar? ¿A quién intento engañar?
¡Joder, qué tráfico! 1347 BDK. Como la de María, BDK. Pero su Corolla es mucho
mejor. La besé aquella vez, la primera, en su Corolla. Mejor, ella me besó a
mí. Me sentí utilizado por ella. Me encantó. Follar en su coche es genial. No
sé cuántas veces lo hemos hecho ya. Ella se ríe de lo torpes que somos. Siempre
me doy con el retrovisor en la cabeza. Ella prefiere debajo. ¡Coño, que esto
avanza! Luisa mola también. Tiene piso. Está buenísima. Es más fría que María.
Gana una pasta. La quiero, eso también. A ella le gusta arriba, como para
controlar. Mejor. Su cama es comodísima. ¿Estoy enamorado de Luisa? No, pero no
importa. Nos queremos mucho. María se troncha de risa. Ella lo sabe bien. María
piensa que la quiero más a ella que a Luisa. Respeta lo de Luisa. De hecho
respeta todo lo mío, me deja vivir. Luisa es más controladora. Luisa sospecha
lo de María. Discutimos una vez. ¿Quién es esa guarra? ¡Es amiga mía y punto!
¡Y si no puedes respetar mis amistades, a tomar por culo! Ahí estuve bien.
¿Bien…? ¡Y una mierda! Nunca le he dicho a Luisa que me tiro a María, me
dejaría. María no me ha dejado, ni me va a dejar aunque me case. Pues eso es lo
que debería hacer. Me caso con Luisa y me quedo con las dos. A este locutor
deberían despedirlo, no se le entiende una mierda cuando habla. ¿Qué estoy
diciendo? Estoy haciendo lo posible por quedarme con María a toda costa. Perder
a Luisa no me dolería tanto. No puedo prescindir de María. Tengo que hablar con
ella. Necesito su lucidez. Que me ayude a pensar cómo decirle a Luisa que no.
Cómo dejarla. No puedo estar con Luisa pensando en María. Eso es malo. Soy un
cabrón, pero eso ya lo sabía. Ahora se trata de no serlo más aún. Ya lo soy
suficiente. María, voy. María ayúdame. María me apoya y me dice lo que tengo que
hacer para dejar a Luisa. Con María puedo ser sincero del todo. Ella sí me
quiere como soy. Luisa me quiere como ella quiere que sea. Hija de puta…
miércoles, 17 de diciembre de 2014
miércoles, 10 de diciembre de 2014
#132 DILE A MAMÁ
Hola
Cuando murió mamá hace tres años me sentí el niño más desgraciado del
mundo. Casi toda mi vida giraba a su alrededor, y lo que no lo hacía ya me
encargaba yo de hacérselo saber para que también formara parte de la suya. Así
había sido siempre y así tenía que seguir siendo. Pero, como todos me
dijisteis, “el cáncer le ha ganado la batalla” y, de un día para otro, me quedé
sin madre, sin confidente y sin consuelo. Así es como lo sentí yo. Por suerte
para los dos, eso no me duró demasiado. No es que no eche de menos a mamá -
¡claro que la echo de menos! -, pero lo superé. “Con papá vais a estar
fenomenal, ya lo verás”, me dijeron otros entonces. Y no se han equivocado. La
vida juntos estos tres años se nos ha dado de maravilla. Por supuesto que hemos
tenido nuestros altibajos, pero supongo que la muerte de mamá nos hizo madurar
un poco a todos.
Huérfano es una palabra que siempre he asociado con documentales
trágicos de televisión. Jamás pasó por mi cabeza el pensar que yo me
convertiría en uno. Y, si se me hubiera ocurrido hacerlo, seguramente no habría
imaginado que me sucediera tan pronto. Superar la muerte de una madre fue muy
doloroso. Pero superar la muerte de un padre algún tiempo después… ¡Sólo tengo
trece años! Bueno, sé que tú también tuviste que pasar por eso hace tiempo. Te
recuerdo cuando llamaste por teléfono y se lo contaste a mamá, y luego ella a
mí. La verdad es que yo sabía que se trataba de algo triste, y de hecho esa
tristeza anduvo volando por el aire de casa una temporada. Apenas se notaba en
el día a día, pero era una presencia constante que termino desapareciendo. Me
imagino ahora que esa presencia que habrá en casa también terminará por
desaparecer. Supongo que Marta y Fran también la notarán, pero te prometo que
entre los tres haremos un esfuerzo para que dure poco. No he hablado con ellos
sobre esto aún. Tampoco lo hice cuando lo de mamá, pero somos hermanos y creo
que sentimos parecido.
Ese es un asunto que sí pasó por mi cabeza el día que nos dijeron que…
bueno, eso…, que habías tenido un accidente y que… habías muerto. ¿Qué va a
pasar con nosotros? Pronto, antes de que tuviera ocasión de preguntárselo a
nadie, Marta y Fran me dijeron: “Tú no te preocupes por nada, no nos van a
separar ni a llevar a ningún sitio. Los dos tenemos más de dieciocho años y
trabajamos. Los tres juntos forever,
¿está claro?” No hice más que asentir. He tenido que ver cómo ellos dos han
tenido que reunirse y hablar con mucha gente a la que yo también he tenido que
contestar a preguntas, pero menos mal que ese tema ya ha pasado. Creo que el
que los tíos sean vecinos también ayuda bastante. Están mucho con nosotros y
nos traen comida y vamos a sitios con ellos. Fran me lleva al cole en tu moto,
pero te prometo que nos ponemos el casco los dos y él no corre. Marta me ayuda
con los deberes las tardes que no tiene que ir al hospital. Es más dura que tú,
pero sé que lo hace por mí, aunque me enfade con ella. Ella sabe que lo sé.
Por favor, dile a mamá cuando la veas que no me he olvidado de ella,
que todavía pienso en ella y que sé que ahora estará mejor porque tú estás con
ella. Te escribiré pronto.
Un beso a los dos.
Nico.
martes, 2 de diciembre de 2014
#131 LINEAS
La línea del
horizonte siempre había sido recta y sin embargo Basile, a sus diez años, sabía
de sobra que los caminos que llegaban a ella estaban plagados de recodos. Lo
supo cuando apenas empezaba a tener uso de razón. Debía caminar durante horas para
recoger tinajas con agua, las cuales debía portar sobre su cabeza de nuevo de
vuelta a casa. Lo supo también cuando sólo sentía en sueños la presencia de su
padre, enrolado en aquel viejo barco de carga, que le permitía estar junto a
los suyos diez semanas al año. Lo tuvo claro cuando a los ocho años tuvo que
vivir una encarnizada batalla entre etnias en su maltrecho barrio, y vio cómo los
que hasta entonces habían sido vecinos bien avenidos se convertían en
furibundos enemigos.
La vida estaba
llena de vericuetos pedregosos en los que tropezar y caer, y sus diez años le
habían enseñado a levantarse y continuar caminando. Al principio lloraba,
frustrado, enrabietado ante lo que él consideraba injusto. Hasta que un día, el
viejo sabio de la aldea le contó la mitad de un secreto.
La línea recta que
visualizamos en el horizonte representa la forma en la que queremos resolver
nuestra existencia cuando llegamos al final del camino, decía el viejo sabio.
Antes de exhalar el último aliento los hombres y mujeres queremos dejar detrás
de nosotros una línea que representa el haber enderezado todos esos quiebros
que hemos vivido. Es un ajuste de cuentas de cada cual con su propia
realidad. El viejo le miraba fijamente
cuando le dijo que es tarea de cada cual empezar desde pequeños a ordenar e
intentar llevar con rectitud nuestras vivencias, ya que de lo contrario, si nos
sobreviniera el momento de marcharnos, no tendríamos tiempo de llegar a ese
punto, a nuestro horizonte, con las tareas hechas y una maraña de experiencias
enrevesadas y plagadas de nudos nos perseguirían en el más allá.
Cuando el viejo
hubo acabado, Basile le preguntó que por qué le había dicho que le contaba la
mitad de un secreto, si en realidad le había contado lo que representaba la línea
del horizonte que hasta entonces para él sólo era el final del día por el que
el sol daba paso a la oscuridad. El sabio se sonrió y le dijo que,
efectivamente, lo que le acaba de contar era lo mismo que el muchacho pensaba,
de luz y oscuridad, de principio y fin, pero puesto en palabras de un viejo al
que llamaban inmerecidamente sabio. Y era la mitad de un secreto, le dijo, porque
le había explicado lo que representaba aquella línea difusa, pero el cómo
llegar a ella y enderezarla al final de sus días era la otra mitad del secreto,
y esa parte debía descubrirla cada uno en su caminar. Al llegar al final
entonces, concluyó, el secreto se habrá desvelado.
Llegaba el ocaso
cuando Basile salió de la casa del viejo y empezó a caminar por la calle
cubierta de arena fina. Bajó una maltrecha farola se paró y giró la cabeza. Sus
pies habían dejado las huellas sobre la arena. Formaban un camino, formaban una
línea. Una línea recta.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
#130 NUEVO ORDEN
El orden mundial hasta entonces conocido acabó con el nombramiento de
un único presidente global. Muchos se disputaron este puesto, aunque la mayoría
estaba convencida de que el ganador, el presidente Grant, conocido antes como
Presidente de los Estados Unidos de América, saldría victorioso. Tenía sentido
que el que fue presidente del país más poderoso del mundo se alzara con la
corona, la llave o la batuta. Como se acordó, el resto de gobernantes
reportarían directamente al poseedor del despacho oval. Y así sería durante los
siguientes cuatro años hasta unas nuevas elecciones. La ley obligaba a los
demás dirigentes a apoyar todas las iniciativas de las que el nuevo presidente
global también tenía por ley obligación de informar a nivel mundial. Una de aquéllas
fue la eliminación del concepto de telefonía móvil que hasta entonces se
conocía. Todas las operadoras telefónicas debían de cambiar el concepto que
reinaba hasta entonces por algo novedoso que se presentaría a concurso para
decidir cuál era el que mejor se adaptaba a la intención de esta ley. La ley no
pretendía un mero avance tecnológico, sino una mejora en la salud a nivel
global. Si bien no todos los ciudadanos mundiales disponían de dispositivos
móviles, sí se consideró que el concepto que se erradicaba perjudicaba en
varios aspectos al usuario. Superado el mito de que las ondas producían cáncer,
estudios de diversos equipos de diversos países habían llegado a la conclusión
de que la fisionomía humana estaba evolucionando, y el homo erectus et sapiens-sapiens
encorvaba su espalda y doblaba su cuello por el simple hecho de prestar
atención a su dispositivo, lo que aparte de crear humanos más pequeños, en
origen llevó a cuantioso expendio en tratamientos para dolores musculares y
articulares. Muchos años costó llegar a un acuerdo global respecto a una
tecnología que evitara esta descompensación y antilógica evolución. Pero se
consiguió. El Presidente Grant ya hacía mucho que había dejado el poder global.
Sus sucesores elegidos en las urnas prosiguieron esta labor, desde el
Presidente Hong, de la antigua China, pasando por el Canciller Dinkelaker, de
la antigua Alemania, hasta el dirigente al mando entonces Presidente Manchado, de la antigua Argentina. Manchado
comenzó una no pretendida guerra civil al decretar la prohibición total de los
antiguos terminales.
En la antigua ciudad de Nashik, a pocas horas al noreste de Mumbai,
existía la última fábrica ilegal de terminales antiguos y uno de los bastiones
más fuertes de la guerrilla. Desde Nashik se fabricaba y distribuía a gran
escala a nivel global. A pesar de que el Presidente Manchado se había deshecho
de los principales líderes tecnológicos antagónicos a su mandato, nuevos
sucesores se alzaban en las profundidades del submundo para dar continuidad al
mercado de terminales y aplicaciones móviles de contrabando. Aunque Manchado
creía haber acabado con la cúpula y los negocios de Apple, Samsung, Google,
Facebook y Whatsapp, éstos resurgieron en la oscuridad para librar esa batalla
y seguir dando a la humanidad lo que la humanidad demandaba. La nueva
tecnología impuesta por los presidentes globales era buena, muy buena. Tal vez
solucionara esos problemas que sirvieron de excusa para comenzar una nueva era
de telecomunicaciones. Pero era muy cara, casi inaccesible a la mayoría de las
personas. Por lo tanto, ni siquiera las ayudas económicas que el gobierno
global dio sirvieron para cubrir la una sustitución total de tecnología.
Imposible.
Ronald Atkinson, supervisor de la fábrica, estaba a punto de apretar
el botón de final cambio de turno cuando escuchó un silbido constante que
llegaba por encima del ruido de la maquinaria. Se asomó por la puerta, pero no
le dio tiempo a mirar hacia el cielo. La pesada bomba impactó directamente
sobre donde él se hallaba. Acabó con su vida y la de todos los trabajadores de
la fábrica clandestina, la cual ardió durante días.
El presidente Manchado fue felicitado directamente en su despacho por
el resto de dirigentes regionales. La guerrilla había sido sofocada y no tenía
ya sentido que siguiera existiendo otra en cualquier otro lugar. Cuando dejaron
al Presidente a solas, se sentó detrás de su mesa y se relajó. Abrió el cajón
de abajo cerrado con llave, sacó su iPhone y, agachado y a escondidas, le envió
un Whatsapp a su esposa: “Cariño, lo he conseguido. Te veo en unas horas.”
martes, 18 de noviembre de 2014
#129 EDIFICANDO
Crecían
esplendorosos con el mar de fondo. Su desarrollo fue simultáneo, el uno al lado
del otro desde que empezaron a venirse arriba. La brisa del mar les ofrecía un
particular olor y les cubría con esa costra que hace el salitre en la capa
exterior. Una rugosidad que no camuflaba sus texturas, su aspecto. El camino se
hace al andar y el crecimiento particular con esmero y dedicación. Y ahí
estaban, el uno al lado del otro. Compartían las caricias de quien quería
verles llegar a lo más alto, de quien entregados les dedicaban su tiempo.
A veces venían las
pausas. Por descanso o por planificación. Cualquiera de los dos era el preludio
de un siguiente asalto, de un continuar creciendo. No se puede crecer cansado,
hay que prestar los cinco sentidos a los impulsos que se dan en cualquier
montaje. Y cómo no, tener en cuenta los diferentes vértices, los pesos, las
aristas con las que nos encontraremos. Hay que planificar, aunque siempre paso
a paso, nunca precipitarse pensando en un nivel al que todavía no hemos
llegado.
Y ahí seguían,
acompasados, próximos, desarrollándose en diferentes niveles, expandiéndose
sobre una tierra firme, al menos por el momento. Y abarcando espacio en una
suerte de colonización horizontal. La base era importante, tanto como la
altura. Esta última te ofrece la belleza de las vistas, el impulso de los
sentidos, la capacidad de disfrutar de lo que hay más allá. Pero la base te
ofrece la estabilidad necesaria para gozar de aquello que tu vista podrá
alcanzar, te ofrece los cimientos necesarios para que no se resquebrajen los
pisos superiores.
Y entonces cuando
ambos se enorgullecían de su aspecto, de su porte, de donde habían llegado, y
antes de que la fina capa de agua empezara a erosionarles, llegó aquel balón,
lanzado con precisión por un niño enfurecido, y redujo a escombros aquellos dos
castillos de arena que tanto esfuerzo había costado levantar.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
#128 HORCHATERO
El comisario Galipienzo
consideraba que había aguantado ya demasiado aquello. Eran muchos años en la
unidad criminal de la comisaría del Distrito
de Comillas. Veinticinco sólo de comisario. Lo dicho, demasiados. Pero uno
de los últimos había sido el detonante. Algo que nunca en su carrera le había
afectado de aquella manera, minó aquel año. El caso del que se había
responsabilizado entonces llegó a dar con su propia persona cara a cara,
pistola en mano apuntando contra el criminal denominado por la prensa como El
Horchatero, un tipo que, según se había dicho a los medios, helaba la sangre a
cualquier interlocutor que tuviera una charla con él. Por lo que se comentó, y
por lo que más aún en su detención y declaración el propio Galipienzo pudo
comprobar, aquel hombre erizaba la nuca de cualquiera solamente con su pausado
tono de voz. Jamás nadie le había visto elevar el volumen, ni siquiera cuando
se le trató de poner al límite haciéndole autor de asuntos con los que se sabía
que nunca había tenido nada que ver, solamente para comprobar sus reacciones y
extrapolarlas a su caso. Además, el criminal resultó ser bastante particular
por la imagen que daba con sus ropas blancas, nada elegantes, sino más bien
estilo pintor con indumentaria nueva, y piel casi tan blanca como su atuendo, y
fría, casi al borde de la congelación. Y su cara. En su cara redonda pero
delgada resaltaban sus labios que sí aparentaban un rojo por el contraste con
el resto, y sus ojos, cuando los mostraba, también inyectados en sangre, con
los que no dudaba en mantener la mirada sin un parpadeo si era provocado a
ello.
Aquel hombre, cuando el mismo
inspector Galipienzo lo detuvo, acababa de actuar sobre su víctima número
treinta y dos, y aún llevaba el cuchillo jamonero goteando sangre de la víctima
en la mano. Jamás mató a ninguna. Tampoco las violó. A partir del gran número
de atestados, declaraciones de víctimas y detenido, el comisario se hizo la
imagen del sufrimiento que aquellas mujeres atacadas por El Horchatero habían
sufrido y seguirían sufriendo el resto de sus vidas. Las amenazas de
mutilaciones que a continuación se cumplían, cortes con el cuchillo jamonero al
tiempo que acaricias con la otra mano, plasmaron en el cerebro de Galipienzo imágenes
que ya estaban impresas en los ojos reales y vivos de aquellas que las
padecieron. Algunas llegaron a suplicar su propia muerte tras verse delante de
aquel frío manipulador en circunstancias humillantes, suplicando que el dolor
acabara. Otras relataron que El Horchatero les había hecho saber que sus almas
ya no descansarían ni vivas, ni muertas. Vivas, porque el destrozo físico de
sus cuerpos estaría presente por siembre, ni una oreja, ni un dedo, ni una
lengua volverían a crecer. Muertas, porque él mismo se suicidaría en cuanto
tuviera oportunidad de hacerlo tras su detención y estaría esperándolas en el
infierno para torturarlas durante toda la eternidad. Pero siempre mirándolas a
los ojos y hablándolas al oído.
El comisario sabía que las
víctimas que habían decidido mantenerse con vida seguían años más tarde con pesadillas, orinándose
encima al menor ruido, incluso algunas no habían vuelto aún a salir a la calle.
La agorafobia era su día a día.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
#127 HISTORIA INACABADA
La mesa cojeaba. Me altera la
facilidad que tienen las mesas de las cafeterías para que no te sientas del
todo cómodo. Siempre he pensado que está hecho a posta para que no estés mucho
tiempo sentado y dejes sitio para otros clientes. Soy muy fan de las teorías de
la conspiración. Lo apunto en la servilleta que tengo al lado del platito sobre
el que descansa mi café con leche a temperatura de magma volcánico. Llevo
cuatro frases escritas y no consigo hilarlas para escribir mi pequeño relato.
Fijo la mirada en el charco de
café que se ha formado en el plato, consecuencia del cojeo de la mesa. Si
tienen mesas que cojean deberían llenar menos los vasos. No sé si es dejadez.
Lo apunto. Cinco frases. Aún no tengo hilo conductor.
Debería haberme puesto en la
barra. Pero la barra la habitan unos señores con camisa blanca, bien entrados
en edad, de esos que no sienten ninguna necesidad de ser amables con los
clientes. Saben que volveremos a entrar a escuchar sus secos buenos días, a
beber de sus vasos desbordantes en una mesa que cojea. Somos muy de costumbres
fijas. Da igual que nos traten mal que repetimos. Es una especie de vena mártir
que nos atenaza. Vena mártir que nos atenaza. Me gusta. Lo apunto. Siete
frases.
Prefiero la mesa. Así no se me
sienta nadie al lado. Además, el ser simpático de la barra no hace más que
pasar una bayeta para limpiar y hace que los clientes levanten los platos del
café. Así que el charco termina por formarse igualmente. Ningún pulso consigue
que el negruzco café deje de desbordarse. Ya lo he dicho. Llenan mucho los
vasos. Además me da mucho asco volverme a apoyar en la barra tras el paso de la
bayeta. Deberían prohibir el uso de esos trapos. Son un cúmulo de bacterias que
deja unas marcas mates en la barra. Son un nido de gérmenes. Los gérmenes no
gustan. A veces los humanos tampoco. Lo apunto. Ocho frases y la servilleta
llegando a su fin. Si no consigo hilvanar cada una de ellas me las llevaré a
casa y les daré una vuelta. Estoy contento con las frases de hoy. Pero les
faltan las muescas que hacen que todo encaje. Y sin muescas son frases
inconexas. Bien podría servir para una canción de Sabina. Pero no para un
relato.
Definitivamente tendré que seguir
en casa. No soporto más el balanceo de la mesa. Si me apoyo se va para un lado,
si me incorporo para el otro. El magma volcánico empieza a dejarse beber. Lo
hago sin levantar el vaso, apoyando los labios sobre el cristal con todo el
cuerpo echado para adelante. Toco el vaso. Creo que puedo levantarlo sin acudir
después a urgencias con quemaduras de tercer grado en las yemas de los dedos.
El charco de café del plato ha
dejado restos en el fondo del vaso. Por fuera. Según lo levanto un chorro de
líquido pardo se desparrama sobre la servilleta haciendo correr toda la tinta
de la pluma que dio forma a las frases. Mis frases que tanto me gustaban. Ya no
están. Ni para Sabina ni para relatos.
Blasfemo, pago y me voy. No sin
antes tirar la servilleta a la papelera y rumiar un desagradable hasta luego al
ser de la barra.
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